Carrió y Milei: «El jefe de Estado no sabe a dónde se va»

Resumen: Elisa Carrió, líder de la Coalición Cívica, lanzó duras críticas al presidente Javier Milei, comparándolo con Néstor y Cristina Kirchner por su desdén hacia el periodismo. Carrió subrayó la importancia de la libertad de expresión y advirtió sobre los peligros de una narrativa que culpa a los medios de comunicación.


En un rincón del barrio, donde los ecos de la política resuenan como el tango en las milongas, Elisa Carrió, la líder de la Coalición Cívica, desenfundó su verbo afilado y apuntó directo al corazón del presidente Javier Milei. No es la primera vez que estos dos pesos pesados del escenario político argentino se cruzan, pero esta vez, el duelo verbal tuvo un tinte más porteño, más visceral, más de arrabal.

En un posteo que dejó a más de uno boquiabierto, Carrió no anduvo con vueltas: «El Politico Casto culpa a los medios porque no sabe a dónde va». Así, la ex diputada nacional evocó el fantasma de los Kirchner, recordando cómo Néstor y Cristina también hicieron de los medios sus enemigos predilectos, como si en ellos se encontrara la raíz de todos los males que azotan a la patria.

«El jefe de Estado no sabe a dónde se va», sentenció Carrió, arrojando una sombra de duda sobre la brújula política de Milei, a quien acusó de utilizar a los medios como chivos expiatorios de su propia desorientación. Es un viejo truco en la política, como el juego de sombras en un callejón de San Telmo, donde se culpa al que tiene la luz para evitar la confrontación con la oscuridad interior.

Pero Carrió no se detuvo allí. Comparó al actual presidente con Néstor y Cristina, diciendo que, al igual que ellos, Milei encuentra en el periodismo un blanco fácil para desviar la atención de sus propias falencias. En un estilo que mezcla lo gauchesco con lo urbano, la líder de la Coalición Cívica defendió a rajatabla la libertad de prensa, advirtiendo que ser liberal implica, ante todo, garantizar la libertad de expresión. «No son los trolls los que informan, sino el periodismo», aclaró, desnudando la falacia de equiparar la información con la opinión sin filtro que circula en las redes sociales.

El mensaje de Carrió tuvo también un guiño académico cuando sugirió que Milei debería leer a John Stuart Mill, uno de los pilares del liberalismo, para entender que sin un periodismo libre, no hay democracia que valga. Fue una estocada fina, como la de un bailarín de tango que espera el momento justo para quebrar el paso y sorprender a su pareja.

Mientras tanto, desde el lado de Milei, el discurso siguió su curso incendiario. En una de sus habituales publicaciones en X, el presidente calificó a los periodistas de «llorones», acusándolos de haber perdido el monopolio del micrófono con el auge de las redes sociales. «Lloran porque perdieron el poder de mentir, calumniar, injuriar, disfamar y hasta extorsionar sin costo», arremetió, sin dejar espacio para la diplomacia. En el fondo, según Milei, el periodismo tradicional no soporta beber de su propia medicina, una afirmación que, por supuesto, no cayó bien en los círculos de prensa.

El mandatario también aprovechó para alabar a Elon Musk, dueño de la red social, por haber «liberado» el espacio digital de la censura, permitiendo una supuesta «libertad plena» en el uso de la plataforma. Un gesto que, en palabras de Milei, contrasta con lo que él percibe como un periodismo «contrario a la libertad de expresión».

Villarruel a fuera

Por otro lado, en un episodio que refleja las tensiones internas del oficialismo, la vicepresidenta Victoria Villarruel no asistió a la cena de camaradería de las Fuerzas Armadas, aparentemente por no haber recibido la invitación por parte de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. Desde el entorno de Villarruel, se lamentó la ausencia, señalando que le hubiera gustado participar, pero «no tiene la costumbre de ir a dónde no la invitan».

Este nuevo capítulo en la interna del gobierno no hace más que profundizar las grietas ya visibles, especialmente después de las controversiales declaraciones de Villarruel sobre el colonialismo francés, que generaron tensiones diplomáticas con Francia. Todo parece indicar que la danza política continuará, con sus vueltas, sus giros inesperados y ese toque de drama tan propio de Buenos Aires.

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