El gobierno realiza controles especiales por las fiestas de egresados

Se acerca el final del año y con él, llegan las tradicionales fiestas de egresados de todos los colegios porteños. Para evitar accidentes y cuidar de los alumnos, la Ciudad, a través del Ministerio de Justicia y Seguridad, activa un plan especial de controles.

Si bien las fiestas de egresados solo pueden llevarse a cabo en locales bailables de clase “C”, están sujetas a normativas particulares, que difieren de los controles habituales que se realizan en los boliches y que deben ser cumplidas para que estos eventos obtengan el permiso y no sean interrumpidas en caso de incumplimientos.

En primer lugar, está prohibida la venta de alcohol. Incluso se establece que en las barras de los boliches donde se lleven a cabo no se podrá exhibir ninguna clase de bebida alcohólica.
Asimismo, para obtener la autorización del evento, deben presentarse al menos cinco padres de alumnos, que demuestren fehacientemente su lazo familiar mediante la correspondiente partida de nacimiento, y que estén durante todo el evento.

Este requisito fue incorporado a la reglamentación luego de que la Agencia Gubernamental de Control (el órgano de Gobierno a cargo de los controles de nocturnidad en la Ciudad) descubriera que se realizaban numerosas fiestas con la firma de los mismos responsables, lo que demostraba que no se trataba de verdaderas fiestas de egresados sino, de una pantalla que permitía la presencia de menores en locales bailables por fuera del horario permitido.
La normativa también obliga a que todos los menores que participen de estas fiestas cuenten con la autorización por escrito de sus padres para permanecer en el lugar.

Además, impone a los boliches el control de alcoholemia a los chicos que concurren al lugar. En caso de que alguno de ellos no se presente en condiciones, no podrá ingresar al salón y deberá quedar al cuidado de los padres responsables de la fiesta.

Esta condición fue incorporada para instar a los padres de los alumnos a que regulen las llamadas “previas”, ya que a lo largo de los controles realizados, los inspectores detectaron que muchos de los adolescentes llegaban a los eventos habiendo consumido grandes cantidades de alcohol.