La flor nacional de Argentina. El ceibo.

El ceibo es un árbol originario de América, especialmente de la Argentina (zona del litoral), Uruguay (donde también es flor nacional), Brasil y Paraguay. Crece en las riberas del Paraná y del Río de la Plata, pero se lo puede encontrar también en zonas cercanas a ríos, lagos y zonas pantanosas. Su madera, blanca amarillenta y muy blanda, se utiliza para fabricar algunos artículos de peso reducido. Sus flores se utilizan para teñir telas.



La flor nacional de Argentina es el ceibo, cuyo nombre científico es Erythrina crista-galli. El 23 de diciembre de 1942 mediante el decreto 138974 del Poder Ejecutivo fue declarada como tal por Argentina. ​ Al ceibo también se lo conoce por los nombres de seibo, seíbo, gallito o bucaré.

La flor de ceibo, también denominada seibo, seíbo o bucaré, fue declarada flor nacional argentina por Decreto del Poder Ejecutivo Nacional Nº13.847/42, del 22 de diciembre de 1942. Es una especie característica de la formación denominada Bosques en Galería. Se encuentra en los cursos de agua, pantanos, esteros y lugares húmedos. Por la vistosidad de sus flores se encuentran cultivadas en paseos, parques y plazas. Fue declarada “flor nacional” en Uruguay y en la Argentina.

Entre otros considerandos, el decreto 138974 (del 23 de diciembre de 1942, publicado el 25 de enero de 1943) resalta como motivos de la elección:1​

Que la flor del ceibo ha merecido la preferencia de gran número de habitantes de distintas zonas del país, en las diversas encuestas populares promovidas por órganos del periodismo y entidades culturales y científicas.
Que estas circunstancias han determinado el conocimiento de la flor del ceibo en casi todos los países de Europa y América, donde ya figura, en virtud de dichos antecedentes, como representante floral de la República Argentina.
Que la flor del ceibo, cuya difusión abarca extensas zonas del país, ha sido evocada en leyendas aborígenes y cantada por poetas, sirviendo también de motivo para trozos musicales que han enriquecido nuestro folklore, con expresiones artísticas de hondo arraigo popular y típicamente autóctonas.
Que el color del ceibo figura entre los que ostenta nuestro escudo, expresión de argentinidad y emblema de nuestra patria.
Que además de poseer el árbol del ceibo, por su madera, aplicaciones industriales, su extraordinaria resistencia al medio y su fácil multiplicación han contribuido a la formación geológica del delta mesopotámico, orgullo del país y admiración del mundo.
Que diversas instituciones oficiales, civiles y militares, han establecido la plantación del ceibo al pie del mástil que sustenta nuestra bandera, asignándole así un carácter simbólico y tradicionalista.
Que por otra parte no existe en la República una flor que encierre características botánicas, fitogeográficas, artísticas o históricas que hayan merecido la unanimidad de las opiniones para asignarle jerarquía de flor nacional, por lo que las predilecciones, como se ha puesto de manifiesto en las encuestas y concursos llevados a cabo.
Que además no existe la posibilidad de que una determinada planta abarque sin solución de continuidad toda la extensión del país por la diversidad de sus condiciones climáticas y ecológicas.
Cuenta la leyenda que en las orillas del Paraná vivía una indiecita fea , de rasgos toscos, llamada Anahí. Aunque era fea, en las tardes veraniegas deleitaba a toda la gente de su tribu guaraní con sus canciones inspiradas en sus dioses y el amor a la tierra de la que eran dueños… Pero llegaron los invasores, esos valientes, atrevidos y aguerridos seres de piel blanca, que arrasaron las tribus y les arrebataron las tierras, los ídolos, y su libertad.
Anahí fue llevada cautiva junto con otros indígenas. Pasó muchos días llorando y muchas noches en vigilia, hasta que un día en que el sueño venció a su centinela, la indiecita logró escapar, pero al hacerlo, el centinela despertó, y ella, para lograr su objetivo, hundió un puñal en el pecho de su guardián, y huyó rápidamente a la selva.
El grito del moribundo carcelero, despertó a los otros españoles, que salieron en una persecución que se convirtió en cacería de la pobre Anahí, quien al rato, fue alcanzada por los conquistadores. Éstos, en venganza por la muerte del guardián, le impusieron como castigo la muerte en la hoguera.
La ataron a un árbol e iniciaron el fuego, que parecía no querer alargar sus llamas hacia la doncella indígena, que sin murmurar palabra, sufría en silencio, con su cabeza inclinada hacia un costado. Y cuando el fuego comenzó a subir, Anahí se fue convirtiendo en árbol, identificándose con la planta en un asombroso milagro.
Al siguiente amanecer, los soldados se encontraron ante el espectáculo de un hermoso árbol de verdes hojas relucientes, y flores rojas aterciopeladas, que se mostraba en todo su esplendor, como el símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento.

Ceiba.
Follaje semipersistente y flores de color carmín con forma de cresta de gallo. En suelos poco húmedos la floración es abundante. Se usa de forma aislada por su bonita floración.

Descripción: árbol caducifolio con aguijones, de hasta 8-10 metros de altura, de copa globosa oextendida.
Hojas con tres folíolos de hasta 3-10 centímetros de longitud.

Flores rojas decorativas de 3-4 centímetros cada una, dispuestas en racimos.

Fruto – legumbre oscura- de hasta 8- 12 centímetros delongitud, ondulados, con varias semillas con aspecto de porotos pequeños.

Distribución: Sur de Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina hasta Buenos Aires.

Comunidad: ceibales (bosques ribereños de ceibo generalmente puros o acompañados por pocasespecies) y selvas marginales.Usos: ornamental.
Madera útil

Medicinal: antitusígena, anticaspa y cicatrizante, entre otros usos

Propagación: muy fácil propagarlo por estacas y semillas. En plantaciones de bosquecillos se generanarbolitos en una temporada a partir de estacones de 2- 2.50 metros de longitud. Crecimiento rápido,especialmente en sitios reparados de heladas.Aplicación paisajística: se destaca al cultivarlo como ejemplar aislado por su porte irregular, su floraciónabundante y su ramificación expresiva. En invierno al caducar- presenta textura y coloración llamativa y propia de esta especie ya que las ramas del año último se secan y permanecen en la copa. Ideal para jardines de tamaño medio. Vive en macetas alcanzando porte y forma de copa ornamentales y floreciendo abundantemente.
También se aconseja para formar bosquecillos con varios individuos, uso muy difundido en las autopistas y rutas de la región metropolitana. Dado que habita áreas ribereñas, puede cultivarse en bordes de cursos de agua, lagos y estanques.

Observaciones: atrae colibríes. Nutricia de mariposas

El Ceibo del jardín Botanico es un árbol muy destacado por su porte y parece preceder a la creación del Jardín, sugiriendo por su ubicación (al pie de la barranca) que crecía en los  bajos que existieron hasta la modificación del terreno.

Flor nacional de Argentina y Uruguay. Sobre otros aspectos de este árbol emblemático de la flora argentina
de porte mediano, follaje generalmente glauco y floresblancas, endémica del Uruguay

 También se observan ejemplaresde flores anaranjadas y ejemplares de formas arbustivas, ramificados desde la base.En la plaza Sicilia del Parque 3 de Febrero se encuentra un ejemplar añoso en el borde del lago Victoria Ocampo incluido en el catálogo de árboles notables de la ciudad.

seibo y ceibo- son correctas, aunque sugiere que es preferible utilizar la primera a fin de diferenciarla de las bombacáceas como los palos borrachos del género.

Cuenta la leyenda
Según la tradición oral, la flor del ceibo nació cuando la Anahí fue condenada a morir, tras participar en un cruento combate entre su tribu guaraní y el ejército invasor. Hasta allí, la niña cantaba feliz en la selva, con una voz dulcísima, tanto, que se decía que los pájaros callaban para escucharla. Pero un día resonó el ruido de las armas. Se dice Anahí luchó tanto como pudo pero que finalmente fue apresada y condenada a la hoguera.

Los soldados la ataron a un tronco, amontonaron a sus pies pajas y ramas secas, y al rato una roja llamarada la rodeó de fuego. Ante el asombro de los que contemplaban la escena, Anahí comenzó a cantar. Era como una invocación a su selva, a su tierra, a la que le entregaba su corazón antes de morir.

Su voz estremeció a la noche, y la luz del nuevo día pareció responder a su llamado: consumido el fuego, los soldados se sorprendieron al ver que el cuerpo de Anahí se había transformado en un manojo de flores rojas.