Resumen: En un contexto de retroceso en la inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) en Argentina, se advierte una caída del 11% en los últimos 12 años. El país no alcanza el 1% del PBI en I+D, situándose por detrás de Brasil y otras naciones desarrolladas. La falta de una política industrial coherente y la escasa inversión del sector privado agravan la situación.
Buenos Aires, 23 de agosto.- En las calles porteñas se murmura un dato que debería preocupar a más de uno: la inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) en nuestro país ha pegado un retroceso del 11% en la última docena de años. Y mientras otros la han remado fuerte, nosotros quedamos rezagados en la comparación con países que, como Brasil, nos pasaron como colectivo lleno.
Según un informe de la Universidad Austral, que ha venido siguiendo de cerca la pista a este asunto, Argentina no logra rasguñar ese ansiado 1% del PBI en inversión en I+D, una meta que ya se había planteado allá por el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner. Esto nos deja parados en una posición complicada no solo frente a los vecinos, sino también en el escenario global, donde países como Israel (5,56%), Corea (4,93%), y Estados Unidos (3,46%) han seguido metiendo ficha en su desarrollo tecnológico.
Lo que se ve en este estudio, dirigido por Luis Domingo Dambra, capo de la Facultad de Ciencias Empresariales del IAE Business School de la Universidad Austral, es que mientras el sector público se dedica a la investigación básica y aplicada, el desarrollo experimental, ese que realmente podría sacar productos que den ganancias, queda medio en el olvido. Por su parte, el sector privado ha levantado un poco cabeza, con un 15% más de empresas reportando actividades de I+D en la última década. Sin embargo, este número sigue siendo un piojo en comparación con lo que se necesita, ya que solo el 14% de las empresas con más de 10 empleados está en la movida de la I+D.
El informe también pone el ojo en la escasa cantidad de investigadores jóvenes en el país. Apenas el 1,1% de los investigadores tiene menos de 25 años, y la mayoría (89%) labura en organismos públicos. Esto muestra que el sector privado no está logrando captar a estos cerebritos, a pesar de una leve mejora del 1,5% en la absorción privada de investigadores entre 2021 y 2022.
Finalmente, el documento es claro al señalar que los gobiernos de los últimos tiempos no han sabido articular el sistema científico-tecnológico con el mundo empresarial a través de una política industrial que responda a las necesidades de estos tiempos modernos. Si no se pone la guita necesaria, si los sueldos siguen siendo un chiste y los fondos se siguen repartiendo en proyectos que no tienen impacto económico, el potencial innovador de Argentina seguirá siendo una promesa sin cumplir.
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