Cadáveres políticos: Horacio Rodríguez Larreta y Gerardo Morales

La expresión «cadáveres políticos» sugiere que, aunque estas figuras aún pueden estar físicamente presentes en la arena política, su influencia y relevancia están prácticamente extintas. La metáfora se deriva de la idea de que, al igual que un cadáver en descomposición, estas figuras políticas ya no tienen vida política activa ni poder para influir en eventos o decisiones políticas importantes.

El término «cadáveres políticos» se utiliza de manera figurada para describir a aquellos políticos o líderes que han perdido influencia, poder o relevancia en la escena política. Se refiere a personas que, debido a derrotas electorales, escándalos, decisiones impopulares u otros factores, ya no tienen la capacidad de ejercer un impacto significativo en la política o en la toma de decisiones.

Hoy queda claro que Mister baldosa y Mister represión son dos cadáveres políticos de alta putrefacción política.

La percepción negativa que a menudo experimentan los votantes de los candidatos derrotados en elecciones previas a las presidenciales puede atribuirse a varios factores psicológicos, políticos y sociológicos.

Cadáveres políticos: Horacio Rodríguez Larreta y Gerardo Morales

A continuación, se presentan algunas razones posibles:

Expectativas y desilusión: Los candidatos y sus seguidores suelen tener altas expectativas sobre el resultado de las elecciones. Cuando no se logra la victoria, puede haber una sensación de desilusión y frustración. Los votantes pueden sentir que sus esfuerzos y esperanzas no se cumplieron, lo que puede llevar a una percepción negativa del candidato.

Percepción de debilidad: La derrota en una elección puede ser interpretada por algunos como una señal de debilidad o incapacidad para movilizar y persuadir a los votantes. Esto puede afectar la imagen del candidato en términos de liderazgo y habilidades políticas.

Comparación con el ganador: Los candidatos derrotados son inevitablemente comparados con el candidato ganador, lo que puede resaltar las diferencias en términos de popularidad, estrategia y mensaje. Esto puede contribuir a la sensación de que el candidato derrotado no era tan competente o atractivo como su oponente.

Narrativa mediática: Los medios de comunicación suelen centrarse en la competencia entre los candidatos, y cuando uno de ellos pierde, puede ser objeto de análisis y críticas más intensas. Los medios también tienden a enfocarse en el «ganador» y su plataforma, dejando al candidato derrotado en un segundo plano y potencialmente acentuando su percepción negativa.

Reacciones emocionales: Las emociones, como la frustración y la tristeza, pueden influir en cómo los votantes y la sociedad en general perciben al candidato derrotado. Si el candidato no maneja adecuadamente estas emociones y las repercusiones de la derrota, su comportamiento puede dar lugar a críticas y desaprobación.

Desconfianza en la estrategia: Si el candidato derrotado adoptó una estrategia polémica, ineficaz o impopular durante la campaña, es posible que sus votantes y otros observadores atribuyan la derrota a estas decisiones, lo que podría erosionar su imagen.

División dentro del partido: Las elecciones primarias suelen ser competencias internas dentro de un partido político. Cuando un candidato pierde, puede haber divisiones internas y tensiones entre las facciones del partido, lo que podría llevar a críticas y rivalidades persistentes.

Expectativas de continuidad: En algunos casos, los votantes pueden percibir al candidato derrotado como el «elegido» para representar sus intereses y visiones políticas. Cuando esto no se cumple, podría generar sentimientos de descontento y desconfianza.

Es importante tener en cuenta que la percepción negativa de un candidato derrotado puede variar según la situación política, la cultura y la sociedad en cuestión. No todos los candidatos derrotados enfrentan la misma cantidad de críticas o desaprobación, y algunos pueden incluso recuperar su imagen con el tiempo y nuevas oportunidades políticas.

Larreta y Morales «putrefacción política» y votantes a la deriva votando a Sergio Massa y no a la Borracha

La derrota de Horacio Rodríguez Larreta y Gerardo Morales reavivó la interna radical. De un lado, apuntan al líder de la UCR por haber arrastrado al partido a la derrota. Del otro, cuestionan a un grupo de dirigentes de «canibalismo interno».

Cientos de militantes de la UCR y del Larretismo están preocupados por la borracha inmunda montonera pro mercado y comienzan el camino a ir a votar a Sergio Massa por temor y horror a la destrucción del país.

Plantearon que, a raíz de las peleas el partido quedó debilitado, lo que derivó en que el vice de Patricia Bullrich terminara siendo Luis Petri, un radical «ignoto». Para rematar, en el campamento de Morales aseguraron que acompañarán a la fórmula ganadora de Juntos por el Cambio en las PASO del domingo, pero pusieron condiciones y no ahorraron críticas al expresidente Mauricio Macri.

«Todos los aliados de Morales perdieron», dijo otra fuente Malbec, y puso algunos ejemplos, como Eduardo Costa en Santa Cruz, Julio Martínez en La Rioja o Fernando Carbajal en Formosa. «Todo lo que hizo le salió mal, se supone que tenía al 80% del partido y Posse perdió San Isidro»

El enojo con el titular del partido, Morales, es grande. Desde el «Grupo Malbec» -aquel que conformaron algunos dirigentes de la UCR críticos a la conducción del jujeño- le achacaron a su líder haber desdibujado al partido. «No hay victoria que pueda celebrar el radicalismo».