Descomposición en la Rosada: El gobierno de Milei en picada libre

Un gobierno en crisis, cada vez más solo y peleado

Resumen: El gobierno de Javier Milei enfrenta una profunda crisis política, con derrotas en el Congreso, tensiones internas, y un creciente distanciamiento del PRO de Mauricio Macri. La oposición rechazó el decreto para la SIDE, mientras que La Libertad Avanza se fractura, mostrando la debilidad del oficialismo en un contexto de crisis económica y social.


Crisis en la Casa Rosada: Milei acorralado por sus propios fantasmas

En este Buenos Aires que nos sabe a tango y rezonga en cada esquina, el gobierno de Javier Milei se encuentra, una vez más, en la cuerda floja. No hay paz en los pasillos del Congreso, donde las peleas, los gritos, y los forcejeos parecen haber reemplazado al diálogo y al consenso. El reloj marca los ocho meses de una gestión que se desmorona, como esas casas viejas de barrio que, aunque alguna vez brillaron, hoy se encuentran a merced del tiempo y el olvido.

En la Cámara de Diputados, los vientos soplaron en contra del oficialismo. El DNU que intentaba ponerle 100 mil millones de pesos a la SIDE, como quien tapa una gotera con un balde, fue rechazado sin miramientos. Mauricio Macri, desde la vereda de enfrente, no se guardó nada y soltó un «hace ocho meses que nos vienen boludeando» que resonó fuerte, como un golpe seco en el alma de un tango triste. El PRO, aquel que alguna vez se mostró como aliado, hoy le suelta la mano al Gobierno, afirmando que «esto no es el cambio».

La fractura no solo se siente entre las filas de los opositores. Dentro de La Libertad Avanza, la tensión está al rojo vivo. El bloque de Diputados es un hervidero, con gritos y empujones que dejan en evidencia la falta de conducción. Mientras tanto, en el Senado, el senador Francisco Paoltroni, con una firmeza que recuerda a los viejos caudillos de antaño, se plantó contra el presupuesto para la SIDE, llamándolo una «monstruosidad». No solo eso, se alineó con la vicepresidenta Victoria Villarruel para oponerse a la postulación del juez Ariel Lijo a la Corte Suprema, marcando un claro distanciamiento del Ejecutivo.

Por si fuera poco, en medio de este clima enrarecido, el economista Ricardo Arriazu alzó la voz contra la idea de devaluar. Según él, esto no haría más que destruir el frágil programa económico que intenta mantener el gobierno. Aunque reconoce los males del cepo cambiario, advierte que no se lo puede levantar de un plumazo. La receta que propone es estabilizar el dólar para combatir la inflación, que proyecta en un 120% para 2024, si se mantienen las políticas prudentes.

La situación pinta fea, con un oficialismo que tambalea, tanto en el Congreso como en su propia casa. El gobierno de Milei, que alguna vez se presentó como la esperanza de un cambio, hoy parece estar más solo que nunca, navegando en un mar de incertidumbres y promesas rotas. El barrio murmura, el tango suena de fondo, y la política argentina, una vez más, se encuentra enredada en sus propios laberintos.


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