Ley Loan: Reformas penales frente al tráfico de menores será debatido en el Congreso

El tráfico de menores es una forma grave de tráfico humano que implica el reclutamiento, transporte, traslado, acogida o recepción de niños menores de 18 años con el propósito de explotación. Esta explotación puede incluir, pero no se limita a, trabajo forzoso, servidumbre por deudas, esclavitud, explotación sexual o la extracción de órganos.

La Cámara de Diputados discutirá modificaciones en las penas para los delitos relacionados con la sustracción y comercialización de menores. La iniciativa, que ya cuenta con media sanción del Senado, busca endurecer las sanciones para combatir este grave delito.


Con la mira puesta en los delitos más piantados que aquejan nuestra sociedad, será retomado el debate por la Comisión de Justicia y Asuntos Penales este miércoles a las 14 horas. El proyecto, que pretende modificar las penalidades vinculadas a la sustracción y comercialización de menores, ha sido reintroducido en la Cámara baja tras recibir la media sanción por unanimidad del Senado la semana anterior.

Las discrepancias en su articulado motivaron que fuese devuelto a comisión. Para ello, juristas de renombre y especialistas en la temática han sido convocados para limar asperezas y encaminar la propuesta legislativa de la senadora Carolina Losada de Santa Fe. Entre los convocados destaca el presidente de la Cámara Federal Penal, Mariano Borinsky, quien tendrá un rol crucial en las deliberaciones.

El proyecto busca modificar el artículo 139 bis del Código Penal de la Nación, que hasta ahora reprimía con prisión de 3 a 10 años a aquellos que intermediaran en los delitos de supresión y suposición del estado civil y la identidad, sin importar si la acción era remunerada o perpetrada bajo amenaza o abuso de autoridad. El texto propuesto extiende las penas a quienes reciban y entreguen menores de edad a cambio de algún tipo de compensación, con penas que oscilan entre los 4 y los 10 años.

Además, se introduce un nuevo artículo, el 139 ter, que establece penas de prisión de 5 a 15 años para quienes faciliten, promuevan o intermedien en los delitos de este capítulo, siempre que no se configuren delitos con penas más severas.

El embrollo en el hemiciclo senatorial se produjo cuando el senador libertario Juan Carlos Pagotto de La Rioja, trató de introducir un texto con modificaciones propias, lo cual desvió el curso del despacho original que había sido aprobado el 27 de junio. A pesar de estas maniobras, la iniciativa fue aprobada en general por una votación aplastante de 63 votos afirmativos, sin oposiciones ni abstenciones.

La discusión adquiere un tinte aún más urgente ante la reciente desaparición del niño correntino Loan Danilo Peña, cuyo caso ha revivido la necesidad de un marco legal más robusto para proteger a los más vulnerables de nuestra sociedad.

En medio de este contexto, los legisladores se ven presionados para actuar con rapidez y decisión. Se espera que las modificaciones propuestas sean un paso adelante en la lucha contra una de las facetas más sombrías del crimen en nuestro país.


¿Por qué es un tema tan delicado para los gobiernos?

  1. Complejidad del delito: Los traficantes de menores suelen operar a través de redes criminales organizadas que pueden ser difíciles de infiltrar y desmantelar. Estas redes pueden operar tanto a nivel local como internacional, lo que complica aún más los esfuerzos de las autoridades para combatirlas debido a la necesidad de coordinación entre diversas jurisdicciones y agencias de ley.
  2. Corrupción: En algunos casos, las redes de tráfico de menores pueden tener conexiones con funcionarios corruptos, lo que dificulta los esfuerzos de investigación y persecución. La corrupción puede permitir que estas redes operen con impunidad, complicando aún más los esfuerzos gubernamentales para combatirlas.
  3. Impacto en la imagen internacional: La incapacidad para controlar el tráfico de menores puede tener serias repercusiones en la imagen de un país a nivel internacional. Puede ser visto como un indicativo de debilidad en el estado de derecho y un fracaso en proteger a los más vulnerables de la sociedad, lo que puede afectar las relaciones diplomáticas y la cooperación internacional.
  4. Presión política y social: El tráfico de menores es un tema que genera una considerable indignación pública. Los gobiernos pueden enfrentar una gran presión por parte de la sociedad civil y grupos de defensa para tomar medidas efectivas y visibles contra este delito. La falta de acción o la ineficacia en abordar el problema puede llevar a críticas políticas y sociales.
  5. Desafíos legales y éticos: Las víctimas de tráfico son a menudo reacias a testificar contra sus captores por miedo a represalias. Además, los niños pueden no ser conscientes de que han sido víctimas de un delito, o pueden tener vínculos emocionales con sus explotadores, lo que complica los procesos legales y las intervenciones de las autoridades.

Por estas razones, el tráfico de menores es un problema complejo y desafiante que requiere una respuesta coordinada y multidisciplinaria, que incluya la protección de las víctimas, la persecución de los delincuentes, y la cooperación internacional, todo dentro de un marco de respeto a los derechos humanos y consideraciones éticas.

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